Revolución mexicana de la Pixza!

Imagina la siguiente escena: estás caminando por una de las colonias más turísticas de la capital mexicana. Un aroma exquisito capta tu atención, y te percatas de que te encuentras frente a frente con un local pequeño –muy pequeño– que bien merece una visita.

Entras. La vitrina resguarda varias pizzas gigantes con ingredientes que nunca hubieras imaginado montados sobre una pizza: cochinita pibil, barbacoa, tamales, chapulines… Si eres un foodie o te encanta probar cosas nuevas, sabes que has llegado al paraíso.

Pero algo más captura tu atención, y es que, en cada rincón, el local hace alusión a su vocación social. Entonces te das cuenta: ésta no es una pizzería común.

Detrás de las recetas innovadoras –megapizzas hechas con maíz azul y toppings “100 por ciento mexzas”– se encuentra una motivación que poco tiene que ver con las ganancias. El enfoque principal de este negocio es brindar un propósito de vida a personas en situación de calle, ese segmento invisible y olvidado de la población.

Pixza es, en resumidas cuentas, una plataforma de empoderamiento social disfrazada de pizzería.

Ésta no es una pizzería cualquiera

“La idea de crear una pizzería diferente surgió en un bar en Nueva York. Estaba con Luis Yáñez, mi amigo y arquitecto de Pixza, y hablábamos sobre cuánto extrañábamos la comida mexicana. Le dije: ‘¿te imaginas si hiciéramos una pizza de maíz azul?’. No teníamos idea de si se podía, pero pensé que valía la pena intentarlo”, explica Alejandro Souza, creador y gerente de Pixza.

Esta pizzería revolucionada dejó a un lado la harina de trigo y el pepperoni para optar por una masa de maíz azul y guisos tradicionales, de esos que cocinan las abuelitas. El menú incluye 22 sabores ideados por Chayito, la nana de Alejandro; el más popular es el que lleva su nombre, una exótica combinación de chapulines remojados en sal y limón con cilantro, guacamole y salsa verde. No suena como nada que hayas probado antes, ¿verdad? Pero bueno dejemos que las mismas personas que trabajan aquí te lo expliquen.

El cambio social se cocina en horno de piedra

Las organizaciones que buscan generar impacto suelen estar restringidas en cuestión de financiamiento. “Esto se traduce en poca libertad operativa, pues la gente que dona a veces dicta la agenda de desarrollo. Ésta es su crisis existencial”, comparte Alejandro.

Por otro lado están las empresas tradicionales con fines de lucro que, después de generar un retorno de inversión, empiezan a impartir un programa de responsabilidad social corporativa. “Estos programas normalmente son paralelos a la operación central de la empresa, y terminan por ser poco sostenibles”, añade el emprendedor.

¿Es posible crear una empresa social sin atravesar por tales inconvenientes? La respuesta está en un modelo de negocio híbrido.

Pixza es una empresa con fines de lucro, pero genera un cambio social de gran impacto mucho antes de tener un retorno de inversión. “Este modelo ofrece una gran libertad operativa. Nos evita tener que depender de financiamientos y que la gente a la que apoyamos tenga que depender de nosotros. Lo describo como un modelo de prosperidad integral, donde todos dan y reciben”, puntualiza.

El horno social

Gerardo Martinez y Alejandro Souza

La segunda vertiente del programa de empoderamiento es el horno social. Mediante esta fondeadora, Pixza invita a cualquier persona, organización, empresa o proyecto que tenga como objetivo mejorar calidad de vida de los mexicanos a meter una solicitud en el sitio web y especificar cuánto dinero necesita recaudar, cómo piensa hacerlo y cuál es el impacto que espera generar. Uno de los principales criterios de selección es que los proyectos registrados estén dispuestos a ofrecer empleos para personas en situación de calle.

“Al terminar el proceso los invitamos a hacer dos cosas: colocar información de su proyecto en el restaurante y crear una rebanada de edición limitada. Les damos un mes de campaña, durante el cual ellos deberán hacer todo el trabajo de comunicación. Después de ese mes, el dinero recaudado menos el costo de producción será entregado a ellos”, explica.

Y mientras tanto, el negocio camina

A decir de su creador, el modelo de Pixza es cien por ciento sostenible; es decir, contempla el costo del empoderamiento social.

Desde su inicio, Pixza se probó como un modelo lucrativo y funcional. La venta de las pizzas ha sido el motor de la empresa desde la semana uno. “Llegaremos al retorno de inversión a cinco meses de haber abierto, pero alcanzamos el punto de equilibrio operativo desde la primer semana”, explica. Esto quiere decir que, en los primeros días, el dinero que se generaba en la pizzería era suficiente para cubrir los gastos operativos.

¿Qué opinas de los negocios que buscan generar un impacto social? ¿Crees que un modelo híbrido como el planteado por Pixza sea la solución a los malestares de las organizaciones sociales?. A continuación te mostramos la TedTalk de Alejandro Souza.
Te invito a que me sigas en Instagram como @Gera_meraki

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